En medio del dolor por la muerte de Lázaro, Jesús reveló quién era realmente y llevó a Marta a una pregunta que todavía hoy llega al corazón de cada ser humano: «¿Crees esto?»
La escena que encontramos en el capítulo 11 del evangelio de Juan está marcada por el dolor.
Lázaro, amigo de Jesús y hermano de Marta y María, había enfermado gravemente. Sus hermanas enviaron a avisarle a Jesús, esperando que Él acudiera para ayudarlo.
Pero cuando Jesús finalmente llegó a Betania, Lázaro ya había muerto y llevaba cuatro días en el sepulcro.
Para Marta y María, la situación era difícil de comprender.
Ellas conocían a Jesús. Sabían de su poder. Habían visto sus obras. Por eso, en medio de su dolor, existía una idea que parecía inevitable:
Si Jesús hubiera llegado antes, Lázaro no habría muerto.
Marta le dijo:
«Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.»
Era una expresión de dolor, pero también revelaba algo que muchas personas experimentan cuando atraviesan momentos difíciles.
Marta creía en Jesús.
Confiaba en su poder.
Pero todavía no comprendía completamente quién era Él ni la dimensión de lo que Jesús estaba a punto de revelar.
Ella pensaba que Jesús podía haber hecho algo antes de la muerte de Lázaro.
Pero Jesús estaba a punto de mostrarle que su poder no terminaba donde terminaban las posibilidades humanas.
CUANDO YA PARECE DEMASIADO TARDE
Para quienes estaban allí, la situación tenía un final.
Lázaro estaba muerto.
Había sido sepultado.
Humanamente, ya no había nada que hacer.
Quizás algunos se preguntaban por qué Jesús no había llegado antes.
¿Por qué no apareció cuando Lázaro todavía estaba enfermo?
¿Por qué permitió que la situación llegara hasta ese punto?
Pero Jesús veía algo que ellos todavía no podían comprender.
Y esta es una realidad que también podemos encontrar en nuestra propia vida: muchas veces juzgamos las circunstancias únicamente desde lo que podemos ver.
Cuando una puerta se cierra, pensamos que todo terminó.
Cuando llega una dificultad, creemos que ya no hay solución.
Cuando nuestras fuerzas se terminan, pensamos que tampoco hay esperanza.
Pero Dios no está limitado por nuestras posibilidades.
Lo que para el ser humano parece el final, para Dios no representa necesariamente el final de la historia.
MARTA CREÍA EN JESÚS, PERO NECESITABA COMPRENDER MÁS
Jesús comenzó diciéndole a Marta:
«Tu hermano resucitará.»
Marta respondió pensando en la resurrección futura:
«Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.»
Marta tenía fe en una promesa futura.
Pero Jesús quería llevarla a una comprensión más profunda.
Entonces pronunció una de las declaraciones más importantes de todo el evangelio:
«Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.»
Jesús no estaba hablando solamente de un acontecimiento futuro.
Estaba revelando quién era Él.
La esperanza no estaba simplemente en una idea.
La esperanza estaba delante de Marta.
Jesús mismo era la fuente de la vida.
Por eso continuó diciendo:
«Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?»
Y allí está el centro de todo este mensaje.
«¿CREES ESTO?»
Jesús no terminó su declaración simplemente con una explicación.
Le hizo una pregunta personal a Marta:
«¿Crees esto?»
No le preguntó solamente si entendía sus palabras.
No le preguntó cuánto sabía acerca de las Escrituras.
No le preguntó si pertenecía a una determinada tradición religiosa.
Le preguntó:
¿Crees esto?
Porque Jesús quería llevarla a tomar una posición frente a Él.
Y esa pregunta sigue siendo válida hoy.
Podemos conocer muchas historias de la Biblia.
Podemos haber escuchado hablar de Jesús durante toda nuestra vida.
Podemos incluso decir: «Yo creo en Dios».
Pero Jesús nos lleva a una pregunta más profunda:
¿Quién es Jesús realmente para ti?
NO BASTA CON SABER ACERCA DE JESÚS
Marta respondió:
«Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.»
Esta declaración es fundamental.
Marta reconoció que Jesús no era simplemente un maestro.
No era solamente un hombre que hacía milagros.
No era únicamente alguien capaz de sanar enfermedades.
Él era el Cristo, el Hijo de Dios que había venido al mundo.
Y este reconocimiento cambia todo.
Porque cuando una persona comprende verdaderamente quién es Jesús, debe preguntarse qué hará con esa verdad.
Jesús no vino al mundo solamente para ser admirado.
No vino solamente para que conozcamos sus milagros.
No vino simplemente para ocupar un lugar en nuestra historia religiosa.
Jesús llama al ser humano a acercarse a Él y a poner su fe verdaderamente en Él.
CREER ES MÁS QUE PRONUNCIAR UNA PALABRA
Cuando Jesús dijo:
«El que cree en mí…»
no estaba hablando de una fe que permanece solamente en los labios.
La fe verdadera produce una respuesta.
Creer en Cristo significa reconocer que necesitamos a Dios.
Significa aceptar quién es Jesús.
Significa confiar en Él.
Pero también significa estar dispuestos a permitir que Él transforme nuestra vida.
Por eso, acercarse a Jesús nos lleva inevitablemente a mirar nuestro propio corazón.
Y allí aparece una palabra fundamental: arrepentimiento.
ACERCARSE A JESÚS IMPLICA RECONOCER QUE NECESITAMOS CAMBIAR
Muchas personas quieren recibir las promesas de Dios sin estar dispuestas a cambiar aquello que las aleja de Él.
Pero Jesús no vino simplemente para hacer nuestra antigua vida un poco más cómoda.
Él vino para ofrecernos una vida nueva.
Arrepentirse significa reconocer sinceramente que hemos pecado y que necesitamos volvernos hacia Dios.
Significa dejar atrás el camino que nos separa de Él.
No es solamente sentir tristeza.
Es tomar la decisión de cambiar de dirección.
Es decir:
«Señor, ya no quiero continuar viviendo lejos de tu voluntad.»
Y ese es el comienzo de una verdadera transformación.
JESÚS QUIERE QUE NAZCAMOS A UNA VIDA NUEVA
La enseñanza de Jesús es clara: el ser humano necesita una transformación profunda.
Necesitamos una vida nueva.
No basta con cambiar algunas costumbres externamente.
Dios quiere transformar el corazón.
Por eso, creer en Cristo debe llevarnos a una nueva manera de vivir.
Una vida que busca obedecer.
Una vida que reconoce el pecado.
Una vida que aprende a caminar conforme a la voluntad de Dios.
Una vida que deja atrás lo viejo para comenzar algo nuevo.
Jesús no vino solamente a mejorar nuestra vida; vino a ofrecernos una nueva vida en Él.
EL BAUTISMO: UNA RESPUESTA DE FE Y OBEDIENCIA
Cuando una persona ha creído en Cristo, reconoce su necesidad de Dios y decide arrepentirse, debe responder con obediencia al mensaje del Señor.
El bautismo representa precisamente un paso importante dentro de ese camino de fe.
No debe entenderse simplemente como una tradición o un acto externo sin significado.
Es una respuesta consciente de fe y obediencia.
Es la decisión de identificar nuestra vida con Cristo y comenzar un nuevo camino.
Por eso, la pregunta de Jesús:
«¿Crees esto?»
también nos lleva a preguntarnos:
Si creo, ¿estoy dispuesto a obedecer?
Porque la fe verdadera no debería quedarse únicamente en palabras.
La fe produce decisiones.
Nos lleva a arrepentirnos.
Nos lleva a abandonar aquello que nos separa de Dios.
Nos lleva a comenzar una nueva vida.
Y nos lleva a responder con obediencia a su Palabra.
LA HISTORIA DE LÁZARO NOS RECUERDA QUE JESÚS QUIERE QUE LO CONOZCAMOS
Marta pensaba en lo que Jesús podía haber hecho.
«Si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto».
Pero Jesús quería llevarla a comprender algo mucho más grande:
No se trataba solamente de lo que Jesús podía hacer.
Se trataba de quién era Jesús.
Y esta es una diferencia fundamental.
Muchas personas buscan a Dios solamente cuando necesitan un milagro.
Lo buscan cuando llega una enfermedad.
Cuando aparece una crisis.
Cuando necesitan una solución.
Y ciertamente podemos acudir a Dios en medio de nuestras necesidades.
Pero Jesús quiere que vayamos más allá de buscar solamente sus milagros.
Él quiere que lo conozcamos.
Que creamos en Él.
Que reconozcamos quién es.
Que nos acerquemos sinceramente.
Que nos arrepintamos.
Que recibamos una vida nueva.
Y que decidamos caminar en obediencia.
LA PREGUNTA SIGUE VIGENTE
Hoy Jesús continúa preguntando:
«¿CREES ESTO?»
¿Crees que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios?
¿Crees que Él tiene poder para darte vida?
¿Crees que necesitas acercarte a Él?
¿Reconoces aquello que necesitas cambiar?
¿Estás dispuesto a arrepentirte?
¿Estás dispuesto a dejar atrás la antigua vida?
¿Estás dispuesto a comenzar un nuevo camino con Cristo?
¿Estás dispuesto a responder con obediencia a su llamado?
Esta no es una pregunta para responder apresuradamente.
Es una pregunta que debe llegar al corazón.
Porque Jesús no busca únicamente que conozcamos sus palabras.
Jesús busca que respondamos a ellas con nuestra vida.
Marta comenzó hablando del dolor de haber perdido a su hermano.
Pero terminó haciendo una de las declaraciones más importantes acerca de Jesús:
«Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.»
Ese es el punto de partida.
Reconocer quién es Jesús.
Pero después viene la respuesta de nuestra vida.
Creer.
Acercarnos.
Arrepentirnos.
Nacer a una vida nueva.
Y caminar en obediencia a Dios.
Porque Jesús no pronunció aquellas palabras únicamente para consolar a Marta en un momento de dolor.
Las pronunció para revelar quién era Él.
Y hoy, en medio de nuestras dudas, nuestros temores y nuestras necesidades, Jesús sigue presentándose ante nosotros como:
«YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA».
La gran pregunta sigue siendo la misma:








































