Desde el Antiguo Testamento encontramos promesas y profecías que apuntan hacia Jesucristo y hacia el cumplimiento del plan de Dios. El libro de Isaías es un ejemplo impresionante.
Isaías contiene 66 capítulos, y la Biblia que conocemos actualmente está organizada en 66 libros. Esta semejanza puede resultar llamativa. Sin embargo, más importante que establecer una correspondencia exacta entre cada capítulo de Isaías y cada libro de la Biblia es observar lo que el propio texto bíblico afirma acerca de Cristo y del plan de salvación.
Isaías 40 marca un cambio importante en el mensaje del libro. Allí encontramos estas palabras:
“Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios.” Isaías 40:3.
Siglos después, los Evangelios identifican esta profecía con Juan el Bautista, quien preparó el camino para la llegada de Jesucristo. Así lo encontramos en Mateo 3:3, Marcos 1:3, Lucas 3:4 y Juan 1:23.
Pero hay algo todavía más profundo.
“Isaías habló del Siervo sufriente, quien cargaría con los pecados de muchos. En Isaías 53 encontramos un pasaje fundamental sobre su sufrimiento y entrega por el pecado.”
“Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.” Isaías 53:5.
El Nuevo Testamento presenta a Jesucristo como aquel que llevó nuestros pecados, en cumplimiento del propósito salvador anunciado en las Escrituras. El apóstol Pedro relaciona el sufrimiento de Cristo con el mensaje de Isaías 53:
“quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero…” 1 Pedro 2:24
Pero el mensaje de Isaías también dirige nuestra mirada hacia la esperanza futura. Dios declara:
“Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra.” Isaías 65:17
Esta esperanza vuelve a aparecer al final de la Biblia. En Apocalipsis, Juan escribe:
“Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron.” Apocalipsis 21:1
Así, encontramos en ambos pasajes una esperanza relacionada con la renovación de la creación y el cumplimiento final del propósito de Dios.
Esto nos recuerda algo fundamental: la Biblia no presenta historias aisladas. Desde Génesis hasta Apocalipsis encontramos el desarrollo del propósito de Dios, y Jesucristo ocupa un lugar central en ese propósito.
Jesús mismo dijo: “Escudriñad las Escrituras… ellas son las que dan testimonio de mí.” Juan 5:39.
Por eso, cuando abrimos la Biblia no estamos simplemente leyendo un libro antiguo. Estamos acercándonos a la Palabra de Dios, que nos revela quién es Él, cuál es nuestra condición y cuál es el camino de salvación.
La pregunta no es solamente cuánto conocemos de la Biblia. La verdadera pregunta es: ¿estamos escuchando lo que Dios nos está diciendo a través de ella?
La Palabra de Dios permanece. Sus promesas permanecen. Y Jesucristo permanece.
“Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.” Hebreos 13:8.
Esta es “La Voz de Cristo”: volver a la Palabra, conocer a Dios y permitir que su verdad transforme nuestra vida.








































